En este sentido, para lo que él llama asunción y liberación del hombre, y por desconocimiento de la propia historia, plagada de contrastes e invasiones ha llevado a que los latinoamericanos se subordinen hacia otras fuerzas solo por salir de otras, por lo que es necesario conocer y asumir la propia historia para conocer y asumir la realidad propia, saber de ellas para utilizarlas para nuestro bien, por ser la vía para asegurar la regeneración de la vida en América. Por cierto una América maltratada, saqueada y colonizada ancestralmente hasta el presente incluyendo los aspectos económico, material, cultural e intelectual.Hacia una práctica de este modelo habrá de procurarse no ignorar el mundo, sino asimilarla, a semejanza del árbol que conserva sus raices. Nuestras naciones permanecerán como troncos, donde nuestra realidad, nuestras historias, los hombres, las razas en lugar de ocultarse estarán visibles para siempre con orgullo y lealtad hacia el origen y la identidad.
Conocer una historia americana, es referirse a la historia que los propios hombres de América han escrito con su trabajo, su vida, su existencia y no la de los conquistadores, de modo que nuestra Ameríca debe escribir su propia historia asumiendo un pasado no para aceptar la esclavitud que se presentó en ella sino para evitarla, negarla para impedir que vuelva a ocurrir.
En Leopoldo Zea, encontramos una propuesta filosófica latinoamericana que va en busca del encuentro con la identidad y hacerla valer ante los ojos del mundo, no con una actitud excluyente sino con virilidad, exigencia y reclamo hacia un reconocimiento de la cultura latinoameriana pujante, digna y actualmente muy propositiva en el contexto mundial.